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EDITORIAL
Los Jóvenes y la Iglesia

El Vaticano hace público el mensaje del Papa para la próxima jornada mundial de la juventud a celebrar en Sidney. Las primeras palabras del Papa son «jóvenes, la iglesia y la humanidad entera espera mucho de vosotros».

Los objetivos son: redescubrir el Espíritu Santo, los Sacramentos y la necesidad de la misión.
Su lema: «Tendréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos».

El Papa predica a Cristo a todo el mundo y se dirige a los jóvenes exponiéndoles la fuerza de Dios, que a través de ellos, puede hacer un mundo mejor.

Ciertamente que hay un profundo deseo de algunos dirigentes de borrar el cristianismo de la sociedad y ponen su empeño en introducir una ideología contraria a los principios cristianos y unos signos, que ahogan, socialmente hablando, cualquier manifestación religiosa.

Apesar de todo ese empeño, los jóvenes siguen escuchando la voz del Papa, su mensaje y «los convoca a que nunca olviden a la Iglesia y que la humanidad entera espera mucho de vosotros los jóvenes. Comprobar la calidad de la fe y reforzarla, si está débil, a través de los Sacramentos».

No es un mensaje curado en promesas halagüeñas, ni condescendiente con los tiempos que corren, ni de puestos de trabajo llenos de fantasías, ni de la adquisición de paraísos dorados a bajo precio y esfuerzo, sino de un proyecto de vida realizado libremente bajo el signo de la fe en Cristo, de valores profundos, de un ejemplo de vida y de testimonio a favor de toda la humanidad.

La verdadera ilusión del Papa es que los jóvenes se sitúen en su entorno social, que se abran a Cristo, que la fe no se impone y que su testimonio debe ser signo de verdad, de autenticidad, de libertad y de liberación.

La propuesta del Papa a los jóvenes es ampliable a todos para encontrarnos en sintonía, jóvenes y adultos, en la búsqueda de Dios con la fuerza del Espíritu Santo que es el protagonista de la historia de la salvación y el guía que nos conduce a la comprensión del mensaje de Cristo.