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EDITORIAL
La Misa en Latín

Los comentarios de cualquier noticia sobre la Iglesia tienen una gran repercusión en los medios informativos y no siempre son analizados con objetividad y sentido común.

Hace poco el Papa Benedicto XVI nos sorprendió con una grata noticia “la posibilidad de decir la Misa en latín”. Inmediatamente saltaron a la palestra los “ingeniosos de turno” calificando al Papa de “retrógrado”, de “volver a las Misas tridentinas” y de dar un paso atrás en la modernización de la Iglesia, de imponer las Misas en latín para congeniarse con los miembros más conservadores de la Iglesia.

Nada más lejos de la realidad. La Misa en latín, anunciada por el Papa, simplemente significa, que los Sacerdotes pueden decir Misa en latín, sin impedimento alguno para no perder su uso en la lengua sagrada, en toda la liturgia.

No cabe duda que ésto no supone volver a la Edad Media o al Concilio de Trento, ni imponer nada especial, ni calificar al Papa de oportunista, sino simplemente el significado, es abrir la posibilidad de que no se olvide esta liturgia con tanta historia en la Iglesia, y que por razones diversas se había perdido totalmente.

Es cierto que la noticia del Papa no es una noticia nueva, pues en algunas comunidades cristianas se celebra la Misa en latín, de vez en cuando, algún día en la semana, para no perder del todo esta maravillosa liturgia.

También es necesario conocer que el Papa es un enamorado del latín, de la liturgia, de la música sacra, de los salmos, himnos, que dignifican la liturgia sacramental.

La noticia del Papa lo eleva como el Buen Pastor que se preocupa por todos y abre la posibilidad a que algunos nostálgicos y otros convencidos, puedan sentir la dulce armonía de la música sacra y la sonoridad de la lengua latina.

No podemos sacar conclusiones apresuradas e interpretar las noticias bajo el signo de una crítica negativa, con la finalidad de desprestigiar a la Iglesia.