EDITORIAL
El valor sagrado de la vida humana

Noviembre nos recuerda a nuestros difuntos, a aquéllos que se adelantaron en nuestro caminar hacia la eternidad. En noviembre le dedicamos un recuerdo especial porque sentimos el deseo de reencontrarnos con ellos, de sentir su cercanía, de decirles que seguimos queriéndolos, que sabemos que no han muerto.

Este recuerdo de los seres queridos que se fueron debe servirnos para oír el silbido de la locomotora de la muerte sin miedo, porque nos puede ayudar a aclarar muchas cosas importantes que suceden cada día y a cada momento. Este mes debería servirnos para entender mejor que “el amor es el único acto racional, inteligente”. A dos viejos amigos, uno mudo y otro sordo. Alguien les preguntó: “cuando os encontráis ¿qué hacéis?” “Nos cogemos las manos y nos transmitimos mucho amor”.

"Todo el mundo sabe que va a morir, pero nadie se lo cree”, dice el viejo profesor Morrie. “Si nos lo creyéramos, haríamos las cosas de otra manera. Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir. Tienes que trabajar para crear tu propia cultura”, dijo Morrie a Mitch. Y continuó: “Para mí, vivir significa manifestar mis emociones y sentimientos. Hablar con el otro, sentir con el otro”…

"No abandones demasiado pronto. Pero no te afanes demasiado tiempo”. Cuando el entrevistador le pidió que dijera algo para los televidentes, dijo:”Sed comprensivos. Sed responsables unos con otros. Amaos unos a otros, o moriréis”. Se estaba refiriendo a la muerte eterna, esa que teme el hombre que no tiene fe. Esto parece sacado del Evangelio y, sin embargo, está hablando la experiencia, el sentido común, la lógica desprovista de todo engaño y mentira.