EDITORIAL
Seguridad y Paz

E l último atentado en Madrid ha producido indignación, repulsa del terrorismo, ha acentuado la soledad y la inseguridad en los ciudadanos necesitados de paz y seguridad. Dos personas han perdido la vida y todos nos sentimos solidarios con las familias de los fallecidos.

La Iglesia en marcha, siempre atenta a los problemas, que afectan al hombre, mediante la Conferencia Episcopal, se ha pronunciado condenando al terrorismo y a toda acción violenta que atente contra las personas.
Su mensaje es contundente «el terrorismo es intrínsecamente perverso, del todo incompatible con una visión moral de la vida, justa y razonable y que no sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es la muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo». «Todos debemos trabajar conjuntamente en la destrucción del terrorismo».

Nos agradan estas palabras porque todos tenemos derecho a vivir en paz y esto nos ayuda a despejar incógnitas un tanto confusas en nuestra relación con la Iglesia. Nos sentimos apoyados en nuestra condena firme del terrorismo y muy cerca de practicar la solidaridad con las personas que se han visto sin esperanza ante los familiares asesinados.

Los Obispos nos piden «que las comunidades cristianas perseveremos en oración por las víctimas del terrorismo y por los familiares, por la conversión de los terroristas y el cese de la violencia para que Dios otorgue sabiduría y fortaleza a los Gobernantes para luchar contra esta peligrosa plaga en beneficio de la sociedad».
Nos sentimos alarmados ante tanta violencia, no estamos seguros ante los continuos actos de terrorismo, nuestra vida permanece en la inseguridad y estamos perdiendo nuestra capacidad para vivir en paz y conseguir una sociedad justa y equilibrada.
Nuestro compromiso está apoyado firmemente en nuestra fe cristiana que tiene que abrirnos caminos de seguridad y de paz.