as cifras son desconsoladoras. Las ha hecho públicas el Ministerio de
Sanidad. Durante el año 2004 se registraron 85.000 abortos, un 6’5 por ciento más que en el 2003. Las cifras no han dejado de crecer desde hace 20 años que se despenalizó el aborto. Cada seis minutos una mujer decide interrumpir el embarazo de forma voluntaria y hay un 20 por ciento de estas mujeres que ya había abortado anteriormente. A los respectivos gobiernos se les va escapando este tema de las manos. El aborto se está convirtiendo en un método anticonceptivo más, y no como un recurso excepcional, como establece la legislación vigente. Es que ni siquiera se cumple la legislación vigente.
l Instituto de Política Familiar (IPF) aseguró que los datos hechos públicos
por el Ministerio de Sanidad y Consumo sobre abortos en 2004 constatan el “fracaso” del Gobierno para abordar esta problemática y reclamó a la titular del ramo, Elena Salgado, que se reúna con los agentes sociales y expertos para “reorientar drásticamente su política fracasada y obsoleta”.
l margen de las connotaciones éticas y morales inherentes al problema del
aborto, que no son pocas, no pueden ignorar ni el legislador ni el gobernante el grave drama personal, el riesgo muy elevado para la salud física y psíquica de la que aborta, además del deterioro del tejido social que no le ha sabido ayudar y, sobre todo, la devaluación de valores tan básicos como el cuidado y amparo de la vida, aunque esté en fase germinal.
un dato alarmante: va aumentando la franja de edad en las mujeres menores
de 19 años que abortan. Sin duda lo más deplorable es la falta de formación moral e intelectual que permita a las nuevas generaciones integrar las relaciones sexuales en un modelo vital y antropológico. Hay que educar a los niños y jóvenes en la defensa de la vida. “El número de abortos, ha dicho alguien, es de tal envergadura que es la principal causa de defunción en España”.