EDITORIAL

abemos que el Carmelo no se entiende al margen de María. La ayuda y protección de ésta a los carmelitas ha sido siempre vista en la línea de la iniciativa divina. En todas las relaciones de Dios con los hombres Él tiene la iniciativa. María está tan identificada con el proceder de su Hijo que con naturalidad asume la conducta de Él. Por eso, toma la iniciativa de ayuda y protección hacia todos aquellos que se entregan a su
servicio de forma explícita con la vestición del santo escapulario. Ellos vuelven sus ojos a María porque antes Ella los ha mirado con amor.


imitación de Dios, la Virgen no presta atención a la dignidad y méritos humanos de la persona, al contrario, se inclina con bondad sobre los pobres y los humildes, transformando a la gente en personas buenas y amables.


n el seno de la Orden del Carmen, desde sus mismos orígenes, se ha sentido claramente la ayuda y protección de la Madre de Dios, puestas especialmente en evidencia en los momentos más críticos para el futuro de la Orden. El carmelita ha tenido siempre conciencia cierta de la perennidad de su Orden como consecuencia de haber sentido el calor maternal de María en tantos momentos difíciles. Esta certeza ha favorecido su abandono en brazos de Ella, al tiempo que luchaba con todos los medios humanos lícitos y honestos contra la adversidad.


e esta conciencia de la protección de María, como Madre de los Carmelitas, surgió la fiesta del 16 de julio, como día particular de la Orden para reconocer y alabar a Dios, que por medio de su Madre bendecía de forma generosa a la Orden del Carmen. Los carmelitas han sido sinceros y agradecidos al atribuir a María las ayudas divinas recibidas a lo largo de la Historia de la Orden y en la vida particular de cada religioso, al instituir una fiesta en honor de Nuestra Señora para agradecerle estos beneficios, fiesta que ha sido conocida popularmente como Fiesta de la Virgen del Carmen. Pocos saben todo lo que se oculta bajo este nombre para el verdadero carmelita.