enemos información suficiente para pensar que la Iglesia, el cristianismo, nuestras propias creencias, están en entredicho por las continuas manifestaciones en su contra y porque todo lo que hace el Gobierno está abocado a destruir todo aspecto religioso.
nte esta situación estamos obligados a defender nuestras propias creencias y manifestar públicamente nuestro rechazo a todos los proyectos que atentan contra nuestra fe. Tanto en lo referente al sistema educativo, como a todas las leyes que directa o indirectamente atacan a la Iglesia bajo la imposición de un “laicismo excluyente pregonado a los cuatro vientos”.
uestra actitud, como cristianos, siempre se ha mostrado dispuesta al perdón, pero esto no significa pasividad ante los acontecimientos políticos, sociales, que estamos viviendo.
omo miembros de esta sociedad y responsables ante nuestro futuro, nos sentirnos obligados a tomar conciencia y a responder conscientemente a todas las amenazas que nos envuelven. Tenemos varias oportunidades de demostrar que no estamos de acuerdo con los cambios que quieren introducir en nuestra sociedad.
rimero proclamando nuestra fe, la doctrina social de la Iglesia. Los principios fun-damentales para vivir pacíficamente y manifestar, con nuestro propio testimonio en la sociedad, nuestro comportamiento político, social, cultural y religioso, como puntos de referencia para vivir en una sociedad libre en comunión con todos.
egundo, también tenemos la oportunidad, cuando nos convoquen a unas elecciones generales, de ser coherentes con nuestra conciencia cristiana.
uestro punto de partida es Jesucristo, de donde parte nuestro concepto de Socie-dad, de comunidad, basada en la caridad, en la fe que nos compromete, de una manera especial, con la verdad y la defensa de los derechos humanos.
uestra fe se ha distinguido siempre por el servicio a la dignidad del hombre, a los derechos humanos y a los valores del Evangelio. No se por qué se persigue tanto a una Iglesia, a los cristianos, cuya base es el amor, el servicio en beneficio de la humanidad.