uando se proclama por un partido político o por el gobierno de turno en el poder que va a imponer una escuela única, pública y laica y a querer llevar el control de la misma, se está atribuyendo un derecho que no tiene y quitando a los padres el derecho natural a educar a sus hijos. Así, la democracia queda herida y hay peligro de caer en una dictadura. Ya nos asusta, como simple ciudadano, que nos quiten o descafeínen la asignatura de Religión, que pide la mayoría de los padres y nos imponen una asignatura que llaman nada menos que “Educación de la ciudadanía”. ¡El Estado educando a los ciudadanos!
os padres están inquietos ante este atropello de los políticos gobernantes, porque son conscientes de su derecho natural a educar a sus hijos en conformidad con los principios que a ellos les han hecho buenos ciudadanos. Quieren la libertad de poder elegir el estudio del hecho religioso, o lo que llamamos la asignatura de Religión. No están pidiendo nada que perjudique a nadie y además es un derecho que anteriormente lo reconocieron los distintos gobiernos tanto socialistas como populares.
ero hay más. Como dijo Modesto Romero Cid, Director de la Comisión episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, “el gran problema no es sólo la enseñanza religiosa, sino la educación, y, por tanto, el Proyecto de Ley en su conjunto, en el cual se cercena el derecho primario de los padres a la educación de sus hijos y la misma libertad de enseñanza. El Estado se erige en el único titular originario del derecho a la educación, quedando los padres y los centros educativos reducidos a meros concesionarios de tal derecho. Se trata de una estatalización contraria a la libertad de enseñanza”.
nte esta situación, ¿qué les queda a los padres? Echarse a la calle, como han hecho, pero esto no servirá para nada. Del talante no se presume, se tiene o no se tiene, y quienes tienen que reconocer que se tiene ese talante dialogador son los demás, no los interesados. Para todo sale a nuestro encuentro el sabio refranero castellano: “Dime de qué presumes y te diré lo que te falta”. A los ciudadanos se nos puede engañar alguna vez, pero antes o después, aparece por encima la mentira, como el aceite sobre el agua. Y esto no lo perdonan los ciudadanos.