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EDITORIAL
Beatificiación en el Vaticano

todo el mundo conoce y esto es historia, que en la segunda república se produjo una gran persecución religiosa. Murieron muchos dando testimonio de su fe.

Para algunos esta historia, fácilmente comprobable, es una noticia de la Iglesia, que no tiene importancia. Otros muchos pensarán, que con este hecho, la Iglesia quiere remover hechos históricos pasados y le acusarán de manipulación o de tergiversar los hechos o de hacer política.

Para los creyentes este anuncio es motivo de gran alegría, no por razones políticas, sino por razones de justicia, de reconocimiento de su honradez, de su valentía y de su fe.

Casi todos pertenecían a Institutos de vida religiosa, algunos sacerdotes, Obispos y siete laicos. Con estos mártires, reconocidos por la Iglesia, suman novecientos sesenta y seis muertos asesinados por una sola razón, por odio de sus perseguidores. Nunca habían hecho daño a nadie.

La vida de todos estos mártires y las causas de su muerte se puede comprobar a través de la página web donde encontraremos información completa de sus vidas y de sus últimos momentos.

Conviene señalar que la Iglesia sólo pretende reconocer el testimonio de fe de que estos hombres y mujeres dieron a la Iglesia y que su martirio nos lleva a
reconocer la tremenda persecución religiosa y el deseo de evitar estas atrocidades históricas bajo cualquier signo político.

La nota oficial del Vaticano nos confirma que “su beatificación será en Roma en el mes de Octubre y sus protagonistas son un total de cuatrocientos noventa y ocho mártires que dieron su vida por Cristo durante la persecución religiosa de los años treinta del siglo XX en España”.

Es triste experimentar en la historia del hombre estos lamentables acontecimientos sin causa que los justifique. La Iglesia ha sufrido muchas persecuciones. Ha convivido con situaciones diversas y conflictivas. Lo único a lo que no está dispuesta es a renunciar a su fe por ningún motivo, a pesar de todo y de todos.