Esta preciosa imagen de la Divina Pastora Carmelita se venera en la antigua Colegiata de Pastrana (Guadalajara), hoy Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción. D. Licinio García Yagüe, su párroco, ha tenido a bien enviarnos una postal de la misma y que ya fue publicada en la contraportada de la revista El Mensajero Seráfico en mayo de 2002 que nos llegó por medio del carmelita P. Juan Gil a quien desde aquí le agradecemos la posibilidad de darla a conocer a nuestros lectores dentro de nuestra sección de "Temas Carmelitas".
La citada imagen procede del antiguo convento de carmelitas descalzos fundado en 1569 con la intervención de la propia Santa Teresa, tal como ella misma nos lo cuenta en el capítulo 17 de sus Fundaciones. De rígido carácter eremítico al principio, y con la intervención también de la famosa Catalina de Cardona, allí hizo su noviciado el famoso P. Gracián quien a punto estuvo de arrojar la toalla a causa de los excesos penitenciales que allí se practicaban. No deja de ser paradójico que aquella vida de dura penitencia en Pastrana fuera introducida por los dos observantes fundadores: Baltasar Nieto y Pedro de los Apóstoles, aunque Santa Teresa hiciera venir al P. Antonio de Jesús como máxima autoridad de la descalcez, "por ser el primero que estaba en mancera, para que comenzase a fundar el monasterio.
Yo les aderecé hábitos y capas". (F. 17, 14). La Santa de Ávila siempre quiso que aquellos frailes fuesen "ermitaños contemplativos". Los antiguos ermitaños del Tardón Ambrosio Mariano Azzaro y Juan Narduch, o de la Miseria, también dejaron allí su radical impronta eremítica, gracias a Dios más tarde puesta en razón.
En este ambiente de carácter netamente eremítico de los principios de la descalcez es donde hay que buscar la razón del por qué de esta Virgen del Carmen vestida de Divina Pastora. Aquellos frailes se inspiraron al principio sólo en las vidas de los Padres del Yermo y tenían por constituciones "los escalones de San Juan Clímaco". Luego volvieron a las fuentes de su inspiración, es decir, al Monte Carmelo. Y aquí es donde "descubren" que la Madre de los Carmelitas era la Señora del lugar en el profético Monte, y que Elías era el Padre e Inspirador de la Orden.
Naturalmente que la Virgen del Monte Carmelo, como "ermitaña", habría de vestir también el áspero atuendo de los anacoretas, como Elías y Juan Bautista que allí moraron, con su zamarra y "manto de piel de carnero a la usanza del profeta Elías", como escribe D. Licinio García.
Destinada a la capilla del Noviciado, la imegen ofrece todo el encanto de la inocencia y la juventud: la Madre de los Carmelitas aleja el peligro de los inocentes niños que juegan con los corderos, hollando bajo sus pies al común enemigo, en este caso el lobo, a semejanza del dragón de la Mujer del Apocalipsis, imagen tan querida por la tradición carmelitana en recuerdo de la Nubecilla eliana, prefiguración de la Inmaculada que siempre defendieron los teólogos de la Orden.
Nos cuenta el párroco de Pastrana que tanto el San Elías, hoy en el Museo Diocesano de Sigüenza, como la Virgen del Carmen como Divina Pastora, fueron obras de Salcillo o de su escuela más cercana, encargadas para los carmelitas por los Duques de Pastrana "que buscaron siempre los mejores artistas". Ambas obras fueron desamortizadas, junto con el convento, durante los años de 1834-1837. D. Mariano Pérez Cuenca y D. Hipólito Somalo, dos sacerdotes de Pastrana, rescataron la imagen en pública subasta junto con su precioso retablo barroco en el que aparece enmarcada en la actual parroquia, según nos informa D. Licinio.
Como puede comprobar el benévolo lector, una simple imagen aparentemente sin mayor importancia, puede encerrar tras de sí una densa e interesante historia.
Ismael Martínez Carretero, O. Carm.