Este
es el consejo que da un testigo de Jehová, que llegó
a ocupar altos cargos como dirigente de la secta, y tras descubrir
sus manejos y falsedades, abandonó la organización
y afirma que lo más prudente es no dar entrada al diálogo
con ellos.
Seguramente que habrá usted oído muchas veces hablar
en la iglesia a los sacerdotes sobre la maternidad divina de María.
Los Evangelios llaman a María la madre de Jesús
(Jn. 19,25). María es aclamada también, bajo el
impulso del Espíritu Santo, como la madre del Señor,
desde antes del nacimiento de su Hijo. El que ella concibió
como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho
verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el
Hijo eterno del Padre, la Segunda Persona de la Santísima
Trinidad. La Iglesia confiesa que María es Madre de Dios,
porque es la madre del Hijo eterno de Dios, que es Dios mismo.
Una de las páginas más bellas de la Constitución
“Lumen gentium” del Concilio Vaticano II, son las
dedicadas a la Virgen: “Enriquecida desde el primer instante
de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente
singular”. “Se consagró totalmente a la persona
y a la obra de su Hijo”. “Asociándose con entrañas
de Madre al sacrificio de Jesús”. “Madre excelsa
del Divino Redentor, compañera singularmente generosa entre
las demás criaturas”. “Con su amor materno
se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan
y se hallan en peligros de ansiedad” (Cap. VIII). Estos
son algunos textos preciosos dedicados a la Virgen.
Por lo tanto, estimada Mari Cruz, cuando se le acerque algún
Testigo de Jehová, no le haga caso. Que le deje tranquila.
Responde:
MANUEL CONDE, O. Carm.