
Rosa Montero es colaboradora habitual de algunas revistas y de algún periódico. En una revista, ha escrito un breve artículo, titulado Sadismo de cine y violencias reales. En lo que respecta a la primera parte del título, Sadismo en el cine, se está refiriendo a la película de Mel Gibson, La pasión del Señor, de la que dice que es la “culminación del sadismo”.
Lo primero que quiero decirle a esta señora es que no es exacto decir “La Pasión de Mel Gibson”, como escribe, sino “La Pasión del Señor”, de Mel Gibson. Estos “progres” de hoy sienten cierta alergia a nombrar al Señor o a Dios.
Pero lo que llama más la atención es la semejanza que hace entre la violencia de la película y la de las armas. ¡Ojalá un día desaparecieran las fábricas de armas! Pero es ‘mezclar churras con merinas’ decir que esta película engendra violencia.
La película, es verdad, resulta violenta. Pero la película resulta violenta porque reproduce puntualmente lo que hicieron con Cristo. Pero esto es historia y además una historia que ha engendrado paz entre los hombres y proclama la paz. El rostro sereno y paciente de Cristo ensan-grentado no produce violencia, sino paz y amor a los hombres. Él mismo pide perdón a su Padre para sus verdugos. Pero estos gestos de Jesús no son percibidos por quienes no tienen fe en el crucificado. Y esta señora, se ve, que no mira con fe, lo que hace que tenga tanta confusión en su mente y mezcle ‘churras con merinas’.

El periódico El País anunciaba un tiempo atrás ‘el fin del matrimonio’, con lo que confunde sus deseos con la realidad. El imperio de Polanco es muy importante, pero al lado de los imperios que han caído a lo largo de la historia es una gota de agua. La Iglesia y las instituciones de la misma, como el matrimonio canónico, siguen inamovibles. Hace años, este periódico estuvo ‘preocupado’ con la salud del Papa. Aburrido, ante la persistente salud del mismo, dejó de anunciar su próxima muerte. Pero entonces su nuevo empeño era que debía renunciar al papado. También aburrido porque el Papa no renunciaba, dejó de hablar del tema.
El Papa, como el Sr. Polanco y compañía saben, morirá cuando Dios quiera y, si alguna vez renuncia al papado, será porque lo cree oportuno para el bien de la Iglesia, pero nunca porque lo desee el imperio de Polanco o los progresistas de turno.
Como ha dicho alguien con más conexión con Dios que este empresario, “mientras haya personas normales, decentes, habrá matrimonios normales”. Y la Iglesia verá pasar por su puerta, camino de la madre tierra, a napoleones y napoleoncitos.