las discordias humanas. Jesucristo vuelve a ser el anfitrión que convida a los suyos, que les llama al banquete del reino.
Según el libro de los Hechos (Hch 1,12-14) aquella comunidad, que ya había recibido la visita del Resucitado, esperaba perseverante en oración la venida del Espíritu Santo. En medio de esa comunidad reconciliada, reunida de nuevo, congregada en torno a la mesa y a la comunión restablecidas... estaba María, la Madre de Jesús. Es un dato que conviene tener en cuenta para lo que diremos más adelante.
anunciando. El Espíritu Santo rompe las barreras humanas y hace así que la historia tome otro giro, otro sentido, el de la reconciliación y la comunión. El pecado del ser humano, la soberbia y el egoísmo, habían provocado que aquellos que querían construir una torre tan alta como el cielo en Babel (Gn 11,1-9) quedaran confundidos y no se entendiesen entre sí. Ahora en Pentecostés, el antibabel, los que hablan distintas lenguas y provienen de diversos lugares se entienden y superan las barreras humanas y las incom-prensiones. El Espíritu Santo es, desde el
En Pentecostés los discípulos reciben el Espíritu Santo y pasan de una situación de miedo a anunciar la Buena Nueva a todos los que se encontraban en Jerusalén para la celebración de la fiesta. Pedro con los once se dirige a la multitud y les anuncia el cumplimiento de las viejas promesas (Joel 3,1-5), la efusión del Espíritu a través de Jesucristo, de su muerte y resurrección. Sorprendentemente, los que allí estaban, judíos piadosos procedentes de todas las partes del Imperio, podían entender en sus propias lenguas lo que Pedro les estaba

primer momento de su manifestación, Espíritu de concordia, de reconciliación, de comunión. Todo ello resulta también evidente en lo que se ha venido en llamar el Pentecostés joánico, es decir, la versión de la venida del Espíritu del evangelista Juan (Jn 20,19-23). En este caso, los discípulos están también escondidos por miedo a los judíos, pero Jesucristo resucitado se hace presente en medio de ellos, deseándoles por dos veces la paz. Posteriormente sopló sobre ellos y les trasmitió el Espíritu Santo y el primer fruto de ese

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