Introducción:

No es necesario ser pesimista o agorero para darse cuenta de que vivimos en un mundo roto, lacerado por odios, violencias, discordias e injusticias. A veces queremos cerrar los ojos ante esas realidades o pretendemos ideologizarlas, explicarlas de alguna manera simplista (con esquemas de buenos y malos) o bien caemos en la tristeza y el desánimo que nos parecen inevitables. Además estas experiencias de ruptura, de desgarro e incluso de violencia se dan en muy diversos niveles (entre naciones, entre grupos sociales, étnicos o religiosos, en el

interior de las familias...). En ese contexto podemos (y debemos) preguntarnos si nosotros, como carmelitas (religiosos, religiosas, seglares) tenemos algo que ofrecer en este sentido a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Para ello, debemos plantearnos en primer lugar si nuestro carisma tiene algo que ver con la reconciliación y el perdón de lo que está tan necesitado el mundo de hoy. Este pequeño trabajo (sin notas ni precisiones técnicas) pretende ser una humilde aportación a esa reflexión.

   1. El triple origen de la eucaristía
Tradicionalmente la teología y la piedad cristianas han indicado que Cristo instituyó la eucaristía en la última cena con sus discípulos, antes de su pasión. Es verdad. Pero hoy la teología tiende a hablar de un origen más amplio que no se reduce solamente a la última cena (momento estelar, fundamental) sino a toda la vida de Jesús y

por ello se habla del “triple origen” de la eucaristía. La eucaristía, sacramento central de la vida cristiana, tendría su origen en primer lugar en las comidas de Jesús con los pecadores. Estas comidas son tremendamente significativas. En ellas Jesús simboliza la venida del reino de Dios (que había sido identificado por

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