La Madre Candelaria

La historia venezolana, tanto ayer como hoy, se desarrolla dentro de un marco de éxitos, sueños y esperanzas; pero también de fracasos y sombras. Han sido muchos los logros que se han dado, pero es triste el panorama de injusticia y de estructura de pecado que ha tenido que experimentar este pueblo. A finales del siglo XIX, la creciente ruptura entre ricos y pobres, va a provocar una situación de violencia, injusticias, pobreza; una falta de respeto a los derechos fundamentales. Esta situación de pecado, lleva a no reconocer a Dios en el hermano.

Venezuela se verá envuelta en una gran turbulencia política, económica y social que va a generar muchos crucificados por causa del pecado del propio hombre, que explota a su hermano y lo destruye. Este mal es fuerte, persistente y reaparece continuamente a traves de la historia. Cristo, ayer y hoy, sigue muriendo en cada hombre que vive el hambre, la violencia, la injusticia...

Susana Paz Castillo es testigo de esta realidad venezolana “desde Joven, se dio también a cuidar a los pobres” (159), la cual se agudiza e intensifica a inicios del siglo XX con las revoluciones y la guerra civil que asola el país, dejando tras de sí, muertos, heridos, huérfanos, “Quedaron en Altagracia de Orituco, multitud de soldados inválidos y enfermos, tendiditos en las aceras y mendigando por las calles” (doc. 1.a). Susana, sensible al dolor reinante y obediente a la voz de su párroco, el P. Sixto Sosa, junto a un grupo de mujeres, inauguran el hospital de San Antonio, en el que poder atender a todos los necesitados; el Hospital queda inaugurado en 1903 con el lema “Dios es caridad”.

Susana, que más tarde pasa a ser Madre Candelaria de San José, va a entregar su vida generosa al servicio de los más pobres. A partir de descubrir que Dios es puro don, acepta su amor y se dispone a servirle en el ser humano. Desde esta óptica, todo en su vida habla de Dios y sabe a Dios: a Amor.
La relación con Dios lo abarca todo en su trayectoria personal, ya que Dios es el origen y la meta de lo que busca. Acercarse a Madre Candelaria, es llenarse de Dios, porque vive esta experiencia en su vida, a través de la entrega a los que sufren. Su seguimiento, en obsequio de Jesucristo, no es una idea aprendida, sino un poner los ojos en Jesús, quien amó al Padre y a los hombres hasta la cruz y que Ella misma abraza, por amor a Jesucristo, sin esfuerzo, sino como gracia. ” Estamos en esta casa para servir al Señor. Sirviéndole con alegría; no aflijamos su amante corazón resistiendo a la obediencia, pues Cristo se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Scr. 253).

Madre Candelaria hace una opción clara por Jesucristo, la cual encuentra en el necesitado, el pobre y en el que está solo. Renuncia a todo lo que no sea Él, no se ata a nada ni a nadie, buscando sólo a Dios en el corazón del hombre que sufre, al que quiere servir por encima de todo, vaciándose y abandonándose.

Mons. Sixto Sosa DíazMadre Candelaria es una figura llena de riqueza, por su autenticidad de vida y espiritualidad; por eso, tiene mucho que enseñar al cristiano de hoy, formando parte, junto al beato Hilario Januszewski, el beato Tito Brandsma, santa Edith Stein y la beata Maria Croxifissa, del conjunto de testigos del siglo XX que el Carmelo ha aportado a la Iglesia Universal.
Esta Sierva de Dios es modelo de mujer contemplativa en medio del pueblo, porque ha sabido dejarle vía libre a Dios para que actúe. Él, que es Amor, ha ido a su encuentro y la ha llevado por el sendero del Amor. Y Ella, ha respondido, sirviendo y amando en los más desfavorecidos. El amor es la esencia de la contemplación que Él mismo otorga, y Madre Candelaria lo acoge, para llegar a la meta. Este estado de unión y contemplación lo vive Ella en medio del pueblo venezolano, a través de la oración y la entrega total de si misma a los enfermos y necesitados “Madre Candelaria todo lo resolvía con la oración; en las tribulaciones se le notaba que “sudaba la cara”, andaba cantandito y rezaba. Amaba la soledad y el silencio. Cuidaba de la salud espiritual del prójimo, especialmente de los enfermos.”(Summ Pág. 7-8).

Conforme uno se olvida de sí mismo y se llena de Dios, se accede a la contemplación, que es vivir el amor con Dios en cada hombre o mujer que encuentres en el camino, produciendo una gran libertad interior, al abrazar a Dios en el hermano. “Estando Dios servido todo lo demás nos vendrá por añadidura” (Scr. 158).

El gran legado de Madre Candelaria son sus hijas, que fieles al espíritu de la Madre fundadora, siguen creciendo como testigos del Evangelio a través de una vida de oración, trabajo y sencillez. Porque nuestra sociedad, hoy, igual que ayer, necesita percibir el radicalismo de la fe -tal como lo vivió Madre Candelaria- a través de nuestra vida y nuestras obras. Las personas no se conforman con saber que Dios es amor, quieren verlo; no se quedan con la idea, desean vivirla; no les basta con saber que Dios es Padre, sienten la necesidad de estremecerse y vibrar frente al Amado.

Hoy, después de más de un siglo, Venezuela sigue viviendo una realidad de pecado, en la que el pueblo sufre la injusticia, el hambre, la violencia, la limitación de los Derechos Humanos. Madre Candelaria escuchó en su momento, el grito del pobre y no se hizo sorda a sus gemidos, porque entendió que conocer y amar a Dios y a los hermanos, es una realidad única; su encuentro con Dios lo tenía en cada hombre, con sus rostros concretos.
Siguió las huellas de Cristo pobre, acomodándose a cada persona y dando su vida por ella. Esto fue posible, porque optó por Jesucristo en el ser humano, quedándose en desnudez, pobreza y vacío. Llenándose al mismo tiempo, de la mayor riqueza: de Dios. “Dios sea alabado en mi bajeza. El me ha hecho pequeñita y Él me dará para salvarme” (Scr. 158).

Con el transcurrir del tiempo, muchas cosas han pasado en el mundo y en Venezuela; pero la memoria de Madre Candelaria sigue viva, por medio de sus obras que permanecen con nosotros.
Madre Candelaria sigue activa e infatigable en sus hijas, quienes prodigan la caridad silenciosamente, con su mismo estilo de pobreza, sencillez y alegría, en países como Venezuela, Bolivia y Brasil.

Sabemos que todo está listo y que muy pronto la tendremos en los altares. Los restos de Madre Candelaria, ya han sido trasladados para darle así culto público, según permiso otorgado por la Sagrada Congregación para la causa de los santos. Porque aquí en la tierra, ella siempre supo dar lo mejor de sí misma y estar en su puesto: la última. Por eso, Dios la coloca entre los primeros.
Madre Candelaria es una palabra de Dios para el hombre y la mujer de hoy, que no quieren vivir una fe vacía, sino que quieren entregarse desde el Evangelio a la construcción del Reino, dando la vida por los pequeños de la tierra, como lo hizo Jesucristo. “Nada tenemos que temer, pues Él nos ve y nos oye y sabe que todo lo soportamos por su amor” (Scr.69).

Esta Sierva de Dios, tuvo la hermosa tarea de sembrar amor en medio del odio, la enfermedad, la miseria..., para que floreciera el amor. Vivir desde el amor y para el amor, fue la vida de quien supo amar en serio: Madre Candelaria de San José.

Estas líneas son gracias a la Hna. Camila, una religiosa Venerable, quien me enseñó a amar y a encomendarme a Madre Candelaria de San José.

Alejandro Peñalta, O.Carm