El paso de los días y los años en democracia me han enseñado, como en un espejo roto, que todo lo bueno de la democracia, de los tiempos nuevos se han esfumado, se han esparcido por todas partes, exhibiendo pedazos de rostros anónimos, que se han repartido, a su antojo, prebendas al son del interés económico, del juego sucio de la corrupción y de la vaciedad de pensamiento de hombres, sin nombre propio, ajenos a toda moral, que han puesto en mi corazón dolor, han manchado mi esperanza en un mundo mejor y traicionado la mano amiga, llamada democracia, que prometía verdad y justicia.
He encontrado el sufrimiento de miles de hombres, que encuentran sólo espinas y sangre, donde tenía que haber rosas de amor. Sus pasos cansinos marcan su nueva historia y esa nueva historia esté manchada por acontecimientos mundiales, que remueven los más bajos fondos de la humanidad, convirtiéndolo todo en dolor, melancolía, y negando realidad a los sueños de ayer.
Estos problemas, de sobra conocidos, se reparten por todo el mundo y su sinfonía lleva el sello del dolor, de la marginación, del |
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hambre y la desesperación. A nadie le gusta la música de fondo, que maneja y mantiene esos problemas, sin buscar una solución, que garantice la armonía, sino sólo palabras huecas perdidas en el tiempo y vacías de realidad.
La economía busca sus propios intereses de tal manera que los mismos comentaristas especializados afirman, que en el fondo de todos estos problemas, existe un afán de poder o una vertiginosa lucha por conseguir y mantener ventajas económicas olvidando que hay problemas graves hipotecados por los intereses económicos.
Los poderes políticos se contentan con crear comisiones interminables, mientras la solución a todas las tragedias humanas se pierden en el tiempo y en los despachos.
También existen ideologías trasnochadas, que en lugar de crear climas de solidaridad, propugnan hostilidades hacia aquellos valores y espacios que promueven la convivencia humana y el desarrollo del hombre. Todo parece que contribuye a echarlos en el olvido o en la papelera por si alguien algún día quiere reciclarlos. Incluso parece que nosotros estamos jugando, dando pares y nones, |