Decir que Dios es Padre es un modo de hablar de Dios que no conocemos sino mediante imágenes y finalmente en Jesucristo. Del mismo modo cuando Jesús nos habla de su «Padre» Dios, se trata también de una imagen que no riñe en absoluto con otras que se pueden encontrar en la Biblia como la de Dios «Madre».
Por supuesto que no aparece expresamente en la Biblia que Dios es «Madre». Sin embargo, cuando consideramos nada más que los distintos modelos de relación entre Dios y su pueblo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo vemos lo siguiente: se pasa de una relación UNILATERAL de intervención gratuita de un Dios en la historia de un pueblo a una relación BILATERAL marcada por la ALIANZA. El modelo de la Alianza tiene como fundamento la fidelidad.
La imagen del Dios de la Alianza es la de un Dios «varón» que puede ser «rey» o «padre». El Yahweh Sabaôth de Moisés y del desierto manda sobre Israel mediante la Ley que el pueblo tiene que observar. El modo de relación es de «justicia» y el «poder-fuerza».
Un profeta, Oseas, se atrevió a romper el modelo rígido masculino del lenguaje bíblico introduciendo otro modo de relación y otro modo de ver a Dios. Dios no es más rey y padre que madre.
¿Por qué? Oseas lo explica mediante una metáfora, la del capítulo 2 de su libro. Un marido con su mujer en juicio. Todo estaba reunido para que el marido repudie a su mujer infiel: Yahweh contra su pueblo infiel. Yahweh se dispone a castigar a su pueblo por ser infiel. Y de repente Yahweh se arrepiente: Os 11. No voy a castigar a mi pueblo aunque como Dios justo, padre y rey lo tendría que hacer por fidelidad a la ley.
El profeta dice que el corazón de Dios dio un vuelco en Él (Os 11, 8). Dios resiente la miseria de su pueblo; Dios mira a su pueblo más que a su Ley y se deja enternecer el corazón. Dios ama más que reina. Aunque todavía discutido el pasaje, podéis leer el capítulo 11 del libro de Oseas donde el profeta presenta a su Dios como un Dios que «ama». El amor no es paterno; el derecho y la justicia sí. La hesed y la rehem apuntan hacia el rostro femenino; hacia la madre. Y Oseas es el profeta de la hesed y de la rehem porque presenta a un Dios «amor, misericordia» y «entrañable (de las entrañas de madre)».
«Cuando Israel era niño Yo le amé y de Egipto llamé a mi hijo (...) le enseñé a andar, le tomé en mis brazos... Con cuerdas humanas los atraías, con lazos de amor..» Os 11, 1*.3*.4*.
Un padre por muy bueno que sea no puede sentir con sus entrañas lo que resiente su hijo, amar de un amor de entrega y de complicidad a su hijo. Solo una madre (y no digo mujer) con corazón y que ha vivido la experiencia de la concepción puede saber decir y expresar lo que es AMAR. Dios para con su pueblo quiere ser «madre» nos dice Oseas. El amor divino nos deja entender pues Oseas es materno. Dios no será acaso más madre que Padre, mutatis mutandis?
P. Eugenio Kaboré, O. Carm.