El marco y el significado profundo de la palabra “conversión” en la Biblia nos ubican en el contexto de la Alianza entre Israel y su Dios. La religión de Israel es vivir en el respeto de la Ley. Mientras el pueblo obedezca Yahweh le protege. Pero la historia de Israel es más de desobediencia y de infidelidad. Yahweh suscita en-tonces a sus profetas para recordar a su pueblo la necesidad de volver a la Ley. Conversión significa volver atrás, con el sentido de recorrer el camino abandonado.
Hoy cuando hablamos de conversión te-nemos en mente el abandono de las malas acciones y del camino extraviado para seguir al Señor:
La conversión también se entiende en países de misión como una obra de evangelización: Convertir a paganos es llevarles la Buena Noticia de la salvación. Id y pro-clamad la Buena Noticia. “Conviértete y cree en el Evangelio”, también escuchamos el día de miércoles de ceniza.
La palabra “conversión” cuyo sentido bíblico y religioso nos viene del hebreo se dice shub llama a un movimiento de retorno al origen de salida, a la fuente. Se supone que el individuo se ha salido del camino en un momento y el hecho de volver al punto de extravío se llama “conversión”.
A quiénes pues se dirigía la llamada a la conversión de los profetas. Naturalmente al pueblo de Israel.
Vuelve Israel, vuelve pueblo mío. Retoma el camino de vuelta. Volver es entonces una experiencia muy dura para Israel desde dos puntos de vista.
El primero es el enfrentarse consigo mismo viendo, camino atrás, sus infidelidades y pecados.
El segundo es oír al Señor decirle: te perdono y te acepto si quieres.
La conversión así entendida es la verdad bíblica. Volver al punto donde uno se apartó de Dios y retomar el camino recto. Es la vida misma del israelita. La Alianza de Dios con su pueblo es una experiencia de CONVERSION en el que Dios se manifiesta como la constancia y el pueblo llamado a confiar.
No hay prisa en la historia de salvación. La meta no es más que la del seguir el camino con Yahweh, aceptando ir y volver. Un camino que no permite atajos ni saltos. Convertirse, tal como lo quiere Yahweh, es aceptar, echar doble mirada: la primera hacia Dios que ama y perdona y luego sobre la miseria propia.
El profeta por excelencia de la conversión es JEREMIAS.
P. Eugenio Kaboré, O. Carm.