En el mes de enero último hicimos un comentario a la Carta del Padre General de la Orden del Carmen dirigida a toda la Familia Carmelita con motivo de cumplirse el 550º aniversario de la bula papal “Cun nulla”, que el Padre General tituló “En la tierra del Carmelo”. En ese comentario del mes de enero nos centramos principalmente en las Monjas Carmelitas de Clausura. En esta ocasión haremos el comentario sobre el contenido de la citada carta respecto al ‘Laicado Carmelita’.

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Tema del Mes
"EL LAICO CARMELITA EN LA TIERRA DEL CARMELO su vocación, su espiritualidad y su misión en el mundo por MIGUEL BARBERO MORENO"
Importancia de esta Bula para los "Laicos Carmelitas"
Esta Bula da también entidad canónica, como vimos que lo hizo con las Monjas de clausura, a las distintas formas de vida de los laicos adscritos a la Orden. Aunque nacieron con la denominación de ‘Orden Tercera’ (expresión que sólo hace referencia a un orden cronológico, pero no jerárquico, en expresión del padre General), en algunas provincias de la Orden son denominados como ‘laicos carmelitas’, “aun cuando este último término comprende otros muchos grupos y realidades. En varios países existen Hermandades y Cofradías muy antiguas. También hay nuevos grupos que están surgiendo en distintas partes del mundo. Estos nuevos grupos testimonian la energía creativa que tiene el carisma carmelita. Sin olvidar los millones de personas que llevan el Escapulario del Carmen de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Este carisma ha inspirado a muchas personas en el mundo para vivir el Evangelio profundamente y, en ocasiones, de modo heroico” (nn 38 y 39).
“Creo –sigue diciéndole el padre General- que el ‘laico carmelita’ en sentido de Orden Tercera, tiene una verdadera vocación y es un testimonio para los demás del carisma carmelita, igual que los frailes, las monjas o las hermanas”. A este propósito les recuerda a los laicos que los elementos fundamentales del carisma carmelita es oración, fraternidad y servicio. Y dice que los carmelitas están llamados a seguir a Jesucristo y a vivir el Evangelio en la vida diaria. En este seguimiento a Jesucristo los carmelitas nos inspiramos en dos figuras bíblicas: la Virgen María y el Profeta Elías. Cada carmelita, religioso o laico, está llamado a vivir este carisma. El modo cómo hay que practicar estos tres elementos (oración, fraternidad y servicio) sólo se diferencia según el estado de vida de cada cual.
El padre General puntualiza que el laico no debe vivir el carisma carmelita como consagrado, sino como laico. Una es la espiritualidad del ‘consagrado’ (religioso/a) y otra la del ‘laico’, aunque las dos se fundamenten en la misma Regla. Y recuerda que Jesucristo no pidió al Padre que sacara del mundo a sus discípulos, sino que los librara del mundo, es decir, de los contravalores del mundo y de las asechanzas del mismo. Los ‘laicos’ deben saber que están en el mundo y su misión como cristianos está en medio del mundo. Y termina con esta afirmación: “Todo carmelita se encuentra en el mundo, porque ninguno puede estar ajeno a la realidad de la sociedad de cada momento, pero además la vocación del laico carmelita es precisamente transformar las realidades del mundo y ordenarlas a Dios”(n. 40).

La Regla de los Carmelitas y los ‘Laicos Carmelitas’

Después se centra el padre General en que la Regla dada por Alberto a los Carmelitas marca también la espiritualidad de los laicos, no sólo de los frailes y monjas. Y se fundamenta en que la Regla es un documento carismático que está en el origen de cualquier forma de vida carmelita, por tanto, también de los laicos. “En este breve texto -se refiere a la Regla- se encuentran en embrión los elementos esenciales del carisma carmelita”. Téngase en cuenta que la Regla sólo tiene diez y ocho capítulos, pero muy breves, incluso algunos sólo contienen cuatro o cinco renglones (n. 41).
Sobre la base y la fidelidad a este breve texto se ha desarrollado, a través de la reflexión continua en la Orden, toda la espiritualidad y vivencia de los Carmelitas. “Cada persona llamada a vivir el carisma carmelita ofrece una especial aportación a la riqueza espiritual de la Orden y enriquece a los demás”. Así como para la diaria vivencia de la Regla, y del carisma expresado en ella, el fraile o la monja carmelitas tienen unas Constituciones, la Orden Tercera y las demás formas de vida inspiradas en el carisma carmelita, también tienen unos Estatutos que ayudan a regular su vida. El General recuerda que lleva varios años preparando la puesta al día de la ‘Regla de la Orden Tercera’. Aquí la palabra ‘Regla’ no es usada con toda propiedad , dado que en la Orden sólo hay una Regla para ‘consagrados’ y ‘laicos’. Son las Constituciones o Estatutos los que regulan la vida de los Frailes, Monjas, Hermanas y del Laicado. Sin embargo, tradicionalmente se le ha llamado también ‘Regla de la Orden Tercera’ a lo que debería llamarse ‘Estatutos’ (n. 42).
“Hay muchos sacerdotes y diáconos permanentes -dice el padre General- en los diversos países que son miembros de la Orden Tercera. Naturalmente, su vocación es diferente de aquellos que son laicos. Sin embargo, todos los miembros encuentran en la espiritualidad carmelita inspiración para vivir el mensaje evangélico en su vida diaria” (n. 43).
El padre General advierte que “la Regla de la Orden Tercera se centra en la misión del laico carmelita, que se enraíza en el Bautismo y, a través del cual, cada cristiano participa del sacerdocio de Cristo, de la dignidad real y del ministerio profético. El laico ejercita estas funciones tomando parte en la vida de la Iglesia y conectando los beneficios de la liturgia con la vida diaria”. Dentro de esta vocación común que nace en el sacramento del bautismo, algunos laicos se sienten llamados a participar del carisma de alguna familia religiosa en particular. Su ‘Profesión’, como miembro del laicado, es una más intensa repetición de las promesas del bautismo (n. 44).
Constituyentes del carisma carmelita
* Al ingresar en la Orden los laicos participan del carisma que está marcado profundamente por la Eucaristía, la oración, sea litúrgica o personal, como parte integral de la vida del laico carmelita. La Lectio Divina, la escucha de la palabra de Dios, el Oficio Divino, como una participación en la oración de Cristo, deben ser también componentes de la vida del ‘laico’. En este aspecto, María, como Madre del Carmelo, es un ejemplo excepcional (n. 45).
* El laico carmelita está también llamado especialmente al servicio, como parte integrante del carisma carmelita. “Los laicos tienen la misión de transformar la sociedad secular”. A este respecto, un gran ejemplo para ellos es el profeta Elías, cuya experiencia profunda de Dios lo llevó a ser un servidor, incluso exponiendo su vida, de su pueblo hasta convencerlo de que el único Dios era el Dios vivo de Israel (n. 46).
* El tercer elemento esencial del carisma carmelita es la fraternidad. “Los laicos carmelitas pueden formar comunidad de muchos y diferentes modos. En sus propias familias, en donde han de formar la ‘iglesia doméstica’, en sus propias parroquias... en sus comunidades laicales carmelitas, en las cuales ellos encuentran la ayuda y el sostén para el camino espiritual, en los lugares de trabajo y donde ellos viven” (n. 47).
Estos tres elementos del carisma viven unidos por la contemplación. “Como todos los miembros de la Familia Carmelita, los laicos carmelitas están llamados a ‘crecer’ en su propia relación con Cristo hasta que se conviertan en sus ‘amigos íntimos’ y esto dará una poderosa fuerza para transformar el mundo”, sin esperar a gozar del éxito. El desconcertante fracaso diario de cada uno Él, el Señor, lo puede también transformar en éxito cuando entre en sus planes. “Para ello, los laicos carmelitas tendrán que buscar, fuera del tiempo que dedican a las obligaciones de la vida diaria, ‘espacios’ que les permitan hablar a Dios en el silencio de sus corazones”. Robustecidos con este alimento, podrán continuar su camino y ‘mirar’ al mundo con ojos nuevos. Los contemplativos pueden ver a Dios en situaciones insospechadas, porque Dios siempre nos precede y está presente en cada situación antes de que nosotros lleguemos (n. 48).
El ‘laico carmelita’ debe vivir mirando a María
El padre General le dice a los laicos carmelitas que la esencia de su vida como tales, no es una simple devoción añadida a su vida cristiana, sino que es una manera de vivir, es una vocación. Teniendo en cuenta esta realidad, es esencial para el ‘laico carmelita’ adquirir una buena formación, “igual –dice el padre General- que lo es para los ‘frailes’, ‘las monjas’, y las ‘hermanas’”. Más aún, insiste en que este es el principal reto que deben afrontar: “traducir los elementos del carisma carmelita dentro de la vida diaria” en medio del mundo (n. 49).
La Virgen María, lo mismo que se le ofrecía a las monjas como ejemplo para su vida, se le propone también a los ‘laicos’. Mirar a María como ejemplo acabado y perfecto es un aspecto fundamental del carisma carmelita, al margen de la forma como se practique. Y el padre General se pregunta: “¿Qué dice esta devoción a comienzos del siglo XXI?”. Recuerda que en el año 2001 la Orden celebró el 750º aniversario de la entrega del Escapulario y el Papa señaló en su carta, en aquella ocasión, que el escapulario es esencialmente el hábito de la Orden y llevarlo conecta con la Orden y con su espiritualidad. Y, sobre todo, es un símbolo externo, visible, de todo esto, pero un símbolo muy expresivo: “El escapulario es un poderoso símbolo de la presencia de María, no sólo en esta vida, sino también en el tránsito de esta vida a la eterna con Dios” (n. 49).
Después insiste en que el escapulario tiene un doble cometido: por una parte, nos muestra a la Virgen como Patrona, Hermana y Madre de los Carmelitas y, como tal, cuida de nosotros y se preocupa de todo lo que sucede en nuestra vida. Por otra, el escapulario nos recuerda que nosotros, en contrapartida, debemos tratar de imitar sus virtudes en nuestra vida diaria. De donde concluye algo muy importante para la vida del ‘laico’: que “la devoción del carmelita a la Virgen no se justifica sólo mediante la recitación de algunas oraciones, al margen de que éstas sean pocas o muchas” (n. 49).
Por otro lado, el General carmelita nos recuerda el redescubrimiento producido en la Orden respecto a la Lectio divina, “como poderoso medio de oración y como un verdadero modo de vivir” en cuanto que nos abre a la Palabra de Dios, a la oración, que conduce al silencio, y nos lleva a la contemplación” (Máximas y Consejos, 79). Después, una vez más, pone a la Virgen María como modelo de esa escucha de la Palabra de Dios, que ella puso en práctica (cf. Lc 8, 21). “En la Anunciación, ella aceptó y cooperó con la voluntad Dios... al pie de la cruz colaboró con la voluntad de Dios en medio del sufrimiento”. En el Magníficat se le ve contemplativa y mira al mundo con ojos de fe y glorifica a Dios por cumplirse los planes divinos. (nn. 50 y 51).

Fermento en el corazón de un mundo secularizado
Después el P. General les recuerda a los ‘laicos carmelitas’ que “el mundo en que vivimos nos plantea muchos retos, porque la estructura social que, otras veces sostenía nuestra fe, ha desaparecido en muchas zonas, y hace falta animar a la gente en su opción de seguir a Jesucristo”. Y precisamente “la vocación del laico cristiano, por encima de todo, es ser fermento en el corazón de este mundo secularizado”.
A los ‘laicos carmelitas’ la Virgen les recuerda en su ‘Magníficat’ que Dios actúa transformando la realidad, aún cuando las apariencias puedan sugerir otra cosa. Y, por tanto, no debe ceder al desaliento, creyendo que en una sociedad descreída no hay posibilidad de transformación. Y recuerda también al ‘laico’ que con María junto a la cruz, es decir, a través del propio sufrimiento, está cooperando a que se cumpla la voluntad de Dios, que precisamente es “que todos los hombres y mujeres se salven”. “Viviendo el Evangelio en la vida diaria, como María, nuestra Patrona, Hermana y Madre, los laicos carmelitas tienen su parte en la transformación del mundo (n. 52).
Todos somos una misma familia

Finalmente el padre General recuerda que el concepto de Familia Carmelita es un concepto nuevo que debe formar parte de nuestra manera de pensar. “Todos los Carmelitas, religiosos y laicos, son miembros de la misma familia y viven la misma vocación de modos diferentes, de acuerdo con los distintos estados de vida. Somos herederos de una gran tradición y tenemos el sagrado deber de pasar el testigo de esta tradición a otros. Hagamos esto cada uno, de acuerdo con la vocación particular que tengamos (n. 53).
Esto así, hace un llamamiento a que debemos estar unidos unos a otros, por la oración, y la ayuda mutua, para testimoniar de forma patente en la Iglesia y en el mundo que el carisma carmelita está vivo e inspira para vivir el mensaje de Jesús. Prueba de ello son las “nuevas formas de ser carmelitas, que están emergiendo en nuestros propios días en varias partes del mundo”, que puedan ser el comienzo de nuevas actuaciones del Espíritu Santo a través de este carisma. Por eso, termina el padre General haciendo un llamamiento a permanecer “abiertos a las inspiraciones del Espíritu y, con discernimiento, sepamos leer los signos de los tiempos. El carisma de nuestra Orden mantiene gran creatividad” (n. 54).

Miguel Barbero Moreno, O. Carm.

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